jueves, 10 de diciembre de 2009

DESCONTROL GASTRONÓMICO EN MADRID

Llegamos a Madrid cerca de las 7 de la mañana y nuestro avión salía a las 22. Perez había arreglado un encuentro con Esmeralda y José, dos amigos españoles que conocimos este año en Buenos Aires y que se voluntarizaron para pasearnos durante ese rato muerto y, luego, llevarnos al aeropuerto.

Dejamos todo el equipaje en la consigna y salimos a caminar por una ciudad que recién se estaba desperezando. Por las calles quedaban bastantes rotos de la noche anterior y estaba todo cerrado. En ese momento, no podía imaginar la maratón gastronómica que me esperaba. Perez me juró que me iba a llevar a tomar el mejor chocolate con churros del mundo y debo decir que no me defraudó. Desayunamos en San Ginés, una histórica chocolatería que no conocía y a la que deberé volver cada vez que vuelva a Madrid. Al mediodía, mientras caminábamos con ellos cerca del Palacio Real, liquidamos las últimas sobras francesas que nos quedaban en el bolso: queso de cabra, camembert y baguet para recuperar energías. En ese barrio también nos tomamos una cervecita con unas aceitunas y de ahí enfilamos para un bar que ellos describieron como "cutre" y yo diría que estaba en la frontera en la que lo pintoresco se funde con la cacona. Me preguntaron si prefería ir a otro lugar y dije que ni en pedo, no me iba a poner quisquilloso minutos antes de volver al Tercer Mundo. Además, toda la mugre del lugar eran las servilletas que se tiraban al piso. Nada grave. Al menos te daban servilletas, no como en Berlín. Allí comimos el plato típico del lugar, que es un sánguche de rabas fritas. Una bombita que me hizo pensar en que no iba a poder probar bocado en el resto del día, pero cuando atardecía Jose sugirió pasar por La Mallorquina, otro lugar típico de Madrid, donde compró cuatro napolitanas, algo así como la versión gallega del pain au chocolate pero, créanme, aún más rico. Por suerte, sobró una, que devoramos ayer, con Larissa. Las napolitanas las comimos mientras tomábamos un café en una parrilla argentina que se llamaba "El virrey de San Telmo".

Con la panza llena, llegamos a horario a Barajas, aunque el camino estaba pésimamente señalizado.

5 comentarios:

Marie dijo...

un sanguche de rabas fritas es de lo mas violento que escuché en mi vida, en materia gastronómica

Velas a Balzac dijo...

¿Pero la idea era recorrer Madrid o comer hasta reventar? Para saber nomás...

Larissa dijo...

compartir esa delikatessen fue un lujo que les agradezco me permitieran... que mas les puedo decir.
ahh si... Mariana en pocos años te ganaste un lugar en mi corazoncito, Jose, el dorima que hace tan feliz a mi amiga... venga un abrazo muchachote!!!!!

Nelson dijo...

Un GRAN ATRACON de cosas ricas en Madrid!!!!! Lo estuve esperando todo el tiempo. Que buen final de viaje. Que buen final...

la secretaria dijo...

jajajaja
le voy a refregar el menú a mi amigo Boludo