martes, 10 de noviembre de 2009

FRED ET MARINE

Cuando Pépé me escribió que iban a estar en su casa unos amigos de Bretaña, tuve sentimientos encontrados. Por un lado, un poco de celos (quería a la Pépé todita para mí, o a lo sumo compartirla con el Jose). Como soy muy vergonzosa cuando recién conozco a alguien, sufría de timidez anticipada de sólo pensarlo. Por otra parte, los amigos de Pépé de Montpellier son gente hermosa, ¿por qué estos iban a ser distintos? Y la presencia de dos franceses más me iba a obligar a hablar el idioma y practicar con vistas al festival; sino, corría el riesgo de que Pépé no quisiera hablar más que castellano durante toda nuestra visitas. Sí, yo pienso todas estas cosas, y muchas, muchísimas más.

La primera noche, Marine nos esperó con una riquísima picada, cuya preparación revelaba mucha dedicación... o más bien tiempo al pedo. Marine y Fred estaban ahí de vacaciones. Son de Bretaña pero viven en Dragey, en Normandía, en una casa en la playa cuyas fotos del invierno pasado (nieve y mar) nos quitaron el aliento. Fred es jockey y hace poco tuvo un accidente que lo obliga a usar cuello ortopédico. La estadía en el campo en casa de Pépé formaba parte de su reposo. Ese día habían ido con el padre de Pépé de recorrida por las champañerías de la región. Así que esa noche se abrieron un par de botellas de champán, un vinito y Marine insistió con lo de tomar "un petit rhom" (un roncito) hasta que encontró en Pépé una cómplice. Y así fue todos los días, ellos siempre compartiendo alguna botella de las varias cajas que se llevaban a Normandía.

Marine cocinó varias veces durante los cinco días que compartimos. Cocina tan bien que nos dio vergüenza cocinar nosotros, aunque ella, yo creo que de atenta nomás, nos pidió un día que hiciéramos alguna receta argentina. Pero la verdad es que teníamos todos los elementos para cocinar platos típicos franceses, no empanadas. La tartiflette tan mentada fue el punto más alto de Marine. Podía cocinar cualquier cosa en cualquier momento. Un rato después de la merienda, podía ofrecernos de pronto langostinos. O justo antes de salir para la estación, el último día, unos crépes "completos" (con queso, jamón y huevo). Y seis crépes de más, de yapa, para que nos llevemos.



Marine es camarera y durante los meses que vivieron en Tenerife y que ella trabajó mientras Fred, simplemente, no (muy modernos, me encantó), aprendió castellano. No se suelta para hablar, pero entiende todo. De a poco sí fue soltando toda su simpatía y comprendí que no había sido la única en estar un poco tímida el primer día. Fred también me sacó mucha charla, lo cual agradecí porque hubo de ser en francés.

Fred y Marine tienen el perro mejor educado que vi en mi vida. Tao ladró una sola vez en cinco días. Jose lo molestaba haciendo picar una pelotita delante de sus ojos y a él sólo se le movían las orejas. Convivía en perfecta armonía con Flame, el gatito de Pépé. Jamás cargoseó ni babeó ni pidió comida mientras estábamos comiendo nosotros. Recién en la sobremesa se acercaba para ver si ligaba algo. De la misma manera, robaba nueces de a una de la canasta en la que Pépé las guarda y se echaba "como un gran señor" (así diría Irma) a pelarlas y comerlas sobre una alfombra. Desde ya que se sienta y da la patita, lo cual enorgullece a Marine, que se nota que fue quien lo entrenó. Tao es de Tenerife y Fred me contó que el día que nos vio y nos escuchó hablar castellano, lo reconoció. A Tao sólo le falta hablar y en tal caso sería bilingüe.


El último día fuimos a pasear por la forêt (el bosque). Hubo postales de intensa felicidad que incluyen a estos nuevos amigos: abrazo a un árbol de tronco inmenso, lecciones de botánica, y la vuelta, con Pépé al volante, escuchando en la radio "Fly me to the moon", cantando los cinco y zigzagueando por la ruta desierta.



Las fotos son del día en que vino Kelo y tuvimos que ir a un parque con un senderito de asfalto que escandalizó a nuestros amigos franceses, porque en la forêt había cazadores y era peligroso. Del día de la fôret no hay fotos.

Fred y Marine quisieron acompañarnos a la estación, con Tao, y nos dijimos adiós deseándole a Fred mucha suerte con su próxima consulta médica, en la que le iban a decir si lo tenían que operar. Y como es sabido, la Pépé trae suerte, así que no. Ojalá tengamos a Fred de regreso en las pistas muy pronto. Prometió aprender castellano y visitarnos algún día en la Argentina. Mientras tanto lo encuentran acá. Para ver a Fred ganar la carrera con su caballo Noix Coco, elijan hippodrome taper : argentan, puis la date : 08/03/2009, puis : 4éme course. ¿No es curioso que en francés se deje espacio antes de los dos puntos?

4 comentarios:

Marie dijo...

los perros y los niños franceses son super educado
me dio hambre, perez, mucha hambre

Nuri148 dijo...

Tao es monono.

Bienvenidos a la gastronomía francesa. Son así, se sacan de la galera un menú de 4 platos hecho con lo que tienen en el momento, y siempre, SIEMPRE tienen un vino y/o un champú ad hoc para regar el festín... Después de conocer algunos gabachos no es nada sorprendente que tantos términos gastronómicos vengan del francés, ni que los mejores chefs, históricamente, sean franceses. Salut!

Herno dijo...

Se cae de maduro que le tenían que pedirle una fija para los burros. ¿No lo hicieron?

Anónimo dijo...

cheee no se deja espacio antes de los dos puntos!!!!! en bretagne sera nomas!
el resto de francia respeta las reglas de escritura sin problemas jajajaja.. esta gente del norte!